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HISTORIA

Hosterias en Cotopaxi
Las tierras en que actualmente se encuentra la casa, fueron compradas por el Maestre de Campo Don Matheo de la Escalera y Velasco en el año 1695.

Esta casa ha sido escenario de importantes acontecimientos de la historia social, política y científica del país y del mundo. Ahí residió el sabio francés Carlos María de la Condamine, quien juntamente con Luis Godín y Pedro Bouger llegaron a Quito en el año 1736. Seis años más tarde, pudieron observar la erupción del Cotopaxi después de más de doscientos años de calma, esto los movió a viajar a las cercanías del volcán alojándose así en La Ciénega, de manera que se formó una estrecha amistad entre el académico y el Marqués de Maenza.

Además de la erupción la actividad geológica en ese entonces fue sumamente intensa, poblaciones enteras se vinieron abajo. En medio de los terremotos, la casa de hacienda permaneció sin daño alguno, probablemente debido a lo macizo de su construcción con sus paredes de dos metros de espesor.

Ilustre huésped de La Ciénega fue el Barón Alexander von Humboldt, quien en el año 1802, realizó los estudios del volcán hospedándose para sus investigaciones en la hacienda.

Los Marqueses, románticos y fuertes arquetipos de la época colonial, cuya casa solariega cubría seis mil metros (sesenta y cinco mil pies) de construcción, se convirtieron en fervientes defensores de la causa libertaria de Simón Bolivar. Miembros de la familia como Manuel Matheu y Herrera, Francisco Xavier y José Xavier de Ascázubi, fueron Próceres de la Independencia, la que se gestó en parte dentro de estas paredes.

El gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, varios presidentes de la época republicana como Juan José Flores, primer presidente del Ecuador, firmó ahí el importante Tratado de La Ciénega, Gabriel García Moreno, Leonidas Plaza Guitiérrez, José María Velasco Ibarra, son figuras históricas del país que residieron entre sus muros.

Generación tras generación, la casa estuvo habitada por personajes de gran fuerza que dejaron a la casa envuelta en un aura de romance y grandeza.

En recuerdo de aquellos y los dueños de hoy, les  damos la bienvenida a La Ciénega, que por la naturaleza de la zona la convierte en un recuerdo inolvidable de los Andes.